
Los primeros días del mes de abril de todos los años, precisamente el dos de abril se celebra en nuestro país el día del Abogado, ello en homenaje al natalicio de un insigne jurista peruano Francisco García Calderón, mediante la Resolución Suprema del 14 de marzo de 1952, se resuelve señalar el día del abogado en dicha fecha. Es de hacer notar que la referida Resolución Suprema desde su dación y por muchos años mantuvo en error -que ha decir por algunos entendidos en el tema- fue solo material, en cuanto a la fecha exacta del nacimiento del jurista en mención, es decir el texto consigna el 03 de abril, pero siendo que en realidad la institución del día a conmemorarse debía ser el natalicio, conforme al espíritu de la norma, y estando que la real fecha de nacimiento, fue el 02 de abril se vino celebrando año tras año en éste último día el día dos de abril de todos los años. Así mediante Ley 23248 publicada el 23 de abril de 1981, se corrige el error mantenido por muchas décadas en el texto de la norma, dándose mediante su Artículo 1 fuerza de Ley a La Resolución Suprema del 14 de marzo de 1952 y en su artículo 2 precisando que la celebración a que se refiere su artículo precedente tendrá lugar el 02 de abril de cada año.
Por ello, sólo con la cardinal idea de que para ser abogado se necesita probidad comprobada, impulsaremos la real dignificación de nuestra profesión, sin una cabal conciencia de lo que significa abogar, no podemos defender como propio lo que es ajeno, y sin un cabal propósito de servir, no podemos sentirnos servidores de una sociedad que clama de todos nosotros reconocimiento, protección y desarrollo. La abogacía no es una consagración de status, ni una competencia de soberbía, es una profesión de las más sencillas, pero firmes y humanas que no tienen sólo el ropaje de la legalidad, sino de una conciencia humanitaria, no tiene sólo la relación con la ley, sino con la justicia como álto valor social, hay que ensanchar la función del derecho y convertir al colega en un protector de lo más valioso que tiene el hombre: Su dignidad. Por ello no hay que envilecer al derecho, ni menos darle muerte haciendo de él un mero instrumento, una daga que clava en el corazón de la sociedad o un escudo que la protege. En un país que hace falta pasar de una cultura de corrupción a una cultura de legalidad, que es necesario acercarse al hombre común y elevarse contra la adversidad, como decía nuestro amigo el historiador en Derecho Carlos Ramos Nuñez, que: “En un país donde la formación positiva, la graduación masiva, el apego reverente a la Ley, la escasa interpretación argumentativa, la ausencia de la investigación, ha desfigurado el perfil profesional de los abogados, por lo que los verdaderos y valientes juristas en un medio hostil se forman en los extramuros del país”.
Pasar al rubro de la reflexión, recobrar el deber, esforzarse por la calidad profesional que implica también calidad moral y calidad de vida, hace que los abogados volvamos a ser referentes y amparadores de una sociedad que no sólo crea chistes o sátiras de los abogados, sino que pueda renovar la confianza, y ver si es posible balancear la justicia, con una fe no ciega, sino estimativa y clara donde sea posible menos desasosiego y más redención.
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JeromeS2Q 11/05/2012